domingo, 24 de febrero de 2008

Esto huele... a recuerdos

"Asì ocurre con nuestro pasado. Es trabajo perdido el querer evocarlo, e inútiles todos los afanes de nuestra inteligencia. Ocúltase fuera de sus dominios y de su alcance, en un objeto material (en la sensación que ese objeto material nos daría) que no sospechamos. Y del azar depende, que nos encontremos con ese objeto,antes de que nos llegue la muerte, o que no le encontremos nunca.

(...) me llevé a los labios una cucharada de tè en el que habìa echado un trozo de magdalena. Pero en el mismo momento en que aquel trago, con las migas del bollo, tocó mi paladar, me estremecì, fija mi atenciòn en algo extraordinario que ocurrìa en mi interior.

Un placer delicioso me invadió, me aisló sin no ción de lo que le causaba. Y él me convirtió las vicisitudes de la vida en indiferentes, sus desastres en inofensivos y su brevedad en ilusoria (...) dejé de sentirme mediocre, contingente y mortal ¿de donde podrìa venirme aquella alegrìa tan fuerte? Me daba cuenta que iba unida al sabor del cafè y del bollo, pero le excedía en mucho, y no debìa ser de la misma naturaleza ¿de donde venia y que significaba? ¿cómo llegar a aprehenderlo? Bebo un segundo trago que no me dice más que el primero. Luego un tercero, que ya me dice un poco menos. Ya es hora de pararse, parece que la virtud del brebaje va aminorándose. Ya se ve claro que la verdad que yo busco no està en él sino en mì. El brebaje la despertó, pero no sabe cual es y lo unico que puede hacer es repetir indefinidamente, pero cada vez con menos intensidad ese testimonio que no sé interpretar y que quiero volver a pedirle dentro de un instante y encontrar intacto a mi disposición para llegar a una aclaración decisiva.

Dejo la taza y me vuelvo hacia mi alma.Ella es la que tiene que dar con la verdad ¿pero como?. Grave incertidumbre ésta, cuando el alma se siente superada por sì mismo (...) ¿buscar?. No solo buscar, crear. Se encuentra ante una cosa que todavìa no existe y a la que ella sola puede dar realidad y entrarla en el campo de su visiòn.
Y otra vez me pregunto. (...) Vuelvo con el pensamiento al instante en que tomé la primera cucharada de té. Y me encuetro con el mismo estado, sin ninguna claridad nueva. Pido a mi alma un esfuerzo más, que me traiga otra vez la sensaciòn fugitiva.

Indudablemente lo que asì palpita dentro de mi ser, será la imagen y el recuerdo visual que, enlazado al sabor aquel, intenta seguirle hasta llegar a mì (...)¿llegará hasta la superficie de mi conciencia clara ese recuerdo, ese instante antiguo que la atraccción de un instante idèntico ha ido a solicitar tan lejos, a conmover y alzar en el fondo de mi ser? No sé. Ya no siento nada, se ha parado, quizás desciende otra vez, quien sabe si tornará a subir desde lo alto de su noche. Hay que volver a empezar una y diez veces, hay que inclinarse en su busca.

Y de pronto el recuerdo surge. Ese sabor es el que tenía el pedazo de magdalena que mi tía Leoncia me ofrecía, después de mojado en su infusión de té o de tila, los domingos por la mañana en Combray (porque los domingos yo no salía hasta la hora de misa) Cuando iba a darle los buenos días a su cuarto. Ver la magdalena no me habìa recordado nada, antes de que la probara. Quizá porque, como habìa visto muchas, sin comerlas, en las pastelerìas, su imagen se había separado de aquellos días de Combray para enlazarse a otros más recientes, ¡quizá porque de esos recuerdos por tanto tiempo abandonados fuera de la memoria, no sobrevive nada y todo se va disgregando! Las formas externas, también aquellas tan grasamente sensual de la concha, con sus dobleces severos y devotos, adormecidas o anuladas, habìan perdido la fuerza de expansión que las empujaba hasta la conciencia.

Pero cuando nada subsiste ya de un pasado antiguo, cuando han muerto los seres y se han derrumbado las cosas, solos, más fràgiles, más vivos, más inmatriales, más persistentes y más fieles que nunca, el olor y el sabor perduran mucho más, y recuerdan, y aguardan, y esperan, sobre las ruinas de todo, y soportan sin doblegarse en su impalpable gotita el edificio enorme del recuerdo.

(...)

Y como ese entretenimiento de los japoneses que meten en un cacharro con agua de porcelana, pedacitos de papel, al parecer informes, que en cuanto se mojan empiezan a estirarse, a tomar forma a colorearse y a distinguirse, convirtiéndose en flores, en casas, en personajes consistentes y cognocibles, ahí ahora todas las flores de nuestro jardin y las del parque del señor Swann y las ninfas el Vivonne y las buenas gentes del pueblo y sus viviendas chiquitas y las iglesia y Combray entero y sus alrededores, todo eso, pueblo y jardines, que va tomando forma y consistencia, sale de mi taza de té."




Supongo que más de uno habrá reconocido el famosísimo escrito de Marcel Proust en Por el camino de Swann, donde nos cuenta sobre una experiencia que tuvo al comerse una madalena mojada de té, sobre el torrente de recuerdos y sensaciones ya olvidadas que provenían únicamente del olor y sabor de esa madalena mojada de té.

¿Y a qué viene esto? Bueno, es que el otro día en el bus -joder, últimamente me pasan muchas cosas en el bus- estaba respaldado contra el cristal como siempre cuando subió una mujer de unos cuarenta años. Yo aprenas me fijé en ella, pero cuando pasó por mi lado, al oler su perfume, una sensación extrañísima se apoderó de mi. En unos segundos, recordé un viaje que había hecho con la família a visitar un parque natural a ver las águilas... unos quince años antes, cuando yo tenía cino, ocho años como muchísimo. Hacía años, y años -quizá estamos hablando de cinco o más- que no recordaba ese viaje... pero de golpe y porrazo, el perfume de esa mujer me hizo viajar en el tiempo, me hizo recordar todas las sensaciones que tuve ese día, pero además no era el poder de un simple recuerdo, era mucho más que eso. Eran sensaciones mucho más vivas, reales y próximas que las de un recuerdo, eran prácticamente tangibles...

Pero duró poco. Tan pronto como vino, ese torrente de sensaciones se fué. Ya solamente guardaba el recuerdo del viaje, de las águilas en el cielo, pero nada más. El recuerdo ya no era tan intenso como antes. Fuí cerca de donde se había sentado la mujer para oler otra vez ese perfume, pero el efecto ya no fué el mismo. Tal y como dice Proust, el recuerdo estaba en mí, no en el perfume, lo que por alguna razón que aún desconozco, esa fragancia lo había despertado desde lo más profundo de mi mente, donde ni siquiera la conciencia es capaz de buscar, y tan pronto como emergió ese recuerdo, volvió a las profundidades para quedarse ahí hasta quién sabe cuándo.

Se me pasó por la cabeza preguntarle a la mujer sobre el perfume, que de dónde lo había sacado, o si había estado quince años antes mirando águilas o vete a saber qué, pero pensé que la situación sería bastante rara e incómoda, y quizás un poco violenta -buneo, quizás no llegaba a los cuarenta, la verdad es que estaba bastante bien... ejem-, así que pensé que mejor no decía nada.

Sea como fuere, algo curioso que me apetecía contar. Es curioso el enorme poder que tiene el olor sobre nosotros, sobre nuestra conciencia. Quizá es porque ataca donde no nos damos cuenta y además lo hace en contadísimas ocasiones. Quizá porque se cuela hasta lo más profundo de nosotros y se queda ahí, esperando, sin ser visto. Quizá porque tras tanto bombardeo acústico y, sobretodo, visual, hemos perdido la capacidad de memoria a largo plazo, de ese tipo de memoria que es como un grabado en piedra, de estos sentidos; al contrario que con el olfato, que cada vez más los alimentos, por ejemplo, son menos aromáticos. Porque la hierba y la piedra mojada por el rocío tienen olor, pero el acero y el asfalto barnizado por el humo y la contaminación no.

No sé qué relación tenía el perfume de la mujer con el recuerdo de águilas volando justo encima de mi cabeza quince años antes, con esas sensaciones de niño viendo esos pajarracos, y no sé porque recordé esas sensaciones sin quererlo y ahora, por más que intento reconstruirlas, fracaso. Pero bueno, estoy contento de esta experiencia, de poder leer a Proust y entender a lo que se está referiendo.

Simplemente quería comentar esto, una especie de anécdota a la que le estuve dando vueltas todo el día.

Saludos!

1 comentario:

Anónimo dijo...

Company, escrius molt bé xd. Descrius perfectament unes sensacions que costa de sentir empatia amb l'escriptor, i tu ho aconsegueixes. Veig que massa gent ens vam equivocar al elegir batxillerat tecnològic. Tenim novelistes i tot xd.